Para ejercer plenamente las facultades físicas e intelectuales, además de mantener la sensación de bienestar, el cuerpo humano necesita absorber regularmente agua. Eso implica una ingesta mínima de dos litros diarios.
Conseguir el equilibrio de fluidos adecuado influye de manera decisiva en el bienestar y el rendimiento diario. Está demostrado que el rendimiento personal decae si la ingesta de líquidos es insuficiente ocasionando trastornos en la concentración, la atención y la memoria.

Necesidades básicas
La necesidad de ingerir dos litros diarios de líquido responde al hecho de que el organismo elimina esa cantidad cada día a través de la piel, los pulmones, la vejiga y los intestinos. Dado que el agua es el componente más importante del cuerpo, éste no puede funcionar sin el aporte correspondiente durante más de tres días. Los encargados de regular el volumen corporal de líquidos son la piel y los riñones. Además, la transpiración permite mantener una temperatura interna constante de 37° centígrados. Además del agua, debemos contar también con la ingesta de sopas, refrescos, zumos u hortalizas, que cuentan con un gran contenido de agua. Por contra, las bebidas alcohólicas tienden a deshidratar los tejidos
orgánicos. La carencia de agua dificulta el funcionamiento normal
de la circulación sanguínea, los músculos, el cerebro y otros órganos. Un síntoma claro es el cansancio, que a largo plazo puede derivar en trastornos circulatorios y estreñimiento.
Es fundamental lograr el equilibrio adecuado entre la ingesta de líquidos y el aporte en sodio y otros electrolitos, como el potasio. Por lo general, una dieta normal nos aporta los electrolitos necesarios; sin embargo, en
condiciones de fuerte calor o de actividad física excesiva, es indispensable aumentar el aporte de estas sustancias, sobre todo de sodio, en forma de sales.

Ancianos y niños
La sensación de sed no siempre se intensifica cuando la carencia de líquidos se aproxima al 2% del peso corporal. Existen dos grupos de personas que con frecuencia no beben lo suficiente: los ancianos y los niños. Cuando un anciano tiene un aporte líquido insuficiente, el volumen de orina que eliminan sus riñones se ve muy reducido, hecho que produce una acumulación de sustancias urinarias de desecho. Los mayores, por tanto, no deben esperarse a sentir sed para beber agua, bebidas frías o calientes y sopa, con el fin de evitar la deshidratación. Por su parte, los niños requieren una ingesta aún mayor de líquidos ya que los menores de 12 años no pueden regular su temperatura por lo que son especialmente
propensos a la deshidratación.

El clima y los deportes
La pérdida de líquidos se incrementa considerablemente en las personas que realizan una actividad física intensa o cuando el clima es caluroso. En estos casos, si la ingesta de líquidos no es suficiente, la sudoración disminuye, lo cual provoca un sobrecalentamiento y otros trastornos físicos derivados del exceso de temperatura. Las personas que residen en zonas altas o de clima frío también necesitan beber más.